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Guardianes de la moral - Episodio exclusivo para mecenas

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Agradece a este podcast tantas horas de entretenimiento y disfruta de episodios exclusivos como éste. ¡Apóyale en iVoox! A lo largo de la historia contemporánea se repite un mismo patrón, el de individuos o grupos se erigen en guardianes de la moral ajena, detectan una amenaza (real o imaginaria), la amplifican y desatan persecuciones que dejan tras de sí carreras destruidas y vidas arruinadas. El arquetipo del censor moderno es Anthony Comstock, un puritano de Connecticut que, tras la Guerra Civil, emprendió desde Nueva York una cruzada contra la obscenidad. En 1873 logró que el Congreso aprobara una ley que llevaba su nombre y que prohibía el envío por correo de material considerado indecente. Armado con esa legislación deliberadamente vaga y respaldado por algunos magnates, fundó la Sociedad Neoyorquina para la Supresión del Vicio, que persiguió a médicos, editores, galeristas y dramaturgos. Presumió de haber provocado quince suicidios y arruinado casi 3.700 vidas. Incluso obras de autores clásicos como Aristófanes, Bocaccio o Chaucer sucumbieron, las de los autores contemporáneos sufrieron hostigamiento y censura. El espíritu censor de Comstock tuvo su eco años más tarde en Hollywood con el Código Hays, un sistema de autocensura que durante más de treinta años dictó lo que podía mostrarse en pantalla. Quedaron desterradas la homosexualidad, las relaciones interraciales y cualquier transgresión de lo que se consideraba la moralidad adecuada. Las cláusulas de moralidad en los contratos controlaban también la vida privada de los artistas. El macartismo reprodujo luego el mismo esquema: una amenaza difusa, un aparato institucional complaciente y el señalamiento de los “inmorales". Lo más inquietante es que el fenómeno no ha desaparecido, de hecho se ha amplificado y afecta ahora a ambos lados del espectro político. Las redes sociales han creado un ecosistema donde la indignación moral es moneda de cambio. Derecha e izquierda despliegan sus propias cruzadas moralistas. Unos retiran libros de bibliotecas, otros imponen criterios de género y raciales con cláusulas contractuales más severas que las de 1914. El mecanismo es idéntico al de los censores de la época de Comstock. A ello se debe responder con coraje, sentido común y humor frente al fanatismo de quienes pretenden silenciar la libertad de expresión. Escucha el episodio completo en la app de iVoox, o descubre todo el catálogo de iVoox Originals
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