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778. Los organos y el diablo (leyenda Europa)

778. Los organos y el diablo (leyenda Europa)

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Hacer click aquí para enviar sus comentarios a este cuento.Juan David Betancur Fernandezelnarradororal@gmail.comHabía una vez en el corazón de la Alemania medieval una iglesia llamada Sant jakobi en la población de Lubeck. Esta iglesia fue consagrada en 1334. Se decía entonces que el órgano de la iglesia era uno de los más bellos de la época y era el orgullo de todos los feligreses que asistían allí a misa. Sus tubos, forjados con el estaño más puro de las minas del norte, se alzaban como los árboles de un bosque celestial. Cuando el maestro organista soplaba vida en sus pulmones de cuero, la música era tan hermosa que los lugareños aseguraban que los mismos ángeles se asomaban por los vitrales para escuchar.Tambien se decía que aquel lugar era un ejemplo de devoción y adoracion al santisimo. Por lo que cada una de las liturgias y eventos santos reunia a casi todos los pobladores muchas veces para orar por sus almas pero algunas veces simplemente para refugiarse del frio extremo que podían experimentar en los inviernos. . Corría pues el ano 1467 cuando la ciudad se encontraba pasando por un doloroso invierno justo antes de la navidad. Se decía que era tanto que durante aquellos días el invierno no solo congelaba los ríos, sino también las almas. Pero para esto estaba el órgano de la iglesia para regresar el calor espiritual a los oyentes de sus misas. Pero el orgullo de los hombres siempre atrae las miradas de lo oscuro.Aquel invierno fue diferente. Un frío anormal, un viento negro que los viejos llamaban “el aliento del abismo”, se coló por las rendijas de la iglesia. La noche de Navidad, cuando el templo estaba abarrotado de fieles que buscaban el calor de las velas, el maestro organista posó sus dedos sobre el teclado para entonar el himno de los pastores.Pero el órgano no cantó.Lo que brotó de las entrañas de metal fue un alarido de agonía un sonido similar a un grito que provenia de las entrañas mismas del infierno.. Un sonido ronco, espectral, como el de un gigante herido de muerte. Los feligreses se miraron entre si sin entender que había sucedido y El pánico recorrió las naves de la iglesia. Aquel no era un sonido celestial era el sonido mismo de averno. Este era un sitio sagrado no entendían como se hubiera podido abrir paso los sonidos del dolor hasta allí. El obispo, pálido como el lienzo de un sudario, ordenó encender las antorchas y subir al coro.Lo que encontraron allí arriba heló la sangre de los primeros en llegar y luego de todos en la audiencia.Los majestuosos tubos de estaño, que el día anterior brillaban como la luna llena, estaban cubiertos por unas extrañas ampollas oscuras, como si una lepra invisible los estuviera devorando. Alrededor del instrumento, un fino polvo de color ceniza cubría el suelo, semejante a los residuos de una pira funeraria.—¡Es el Maligno! —gritó el sacristán, cayendo de rodillas—. ¡El diablo ha entrado de noche y ha soplado su aliento de azufre sobre la plata del Señor para silenciar nuestras alabanzas!No había duda para la mente medieval. Lucifer, envidioso de la armonía celestial, había infectado el metal. Era su forma de desafiar el rito religioso en aquel pueblo tan piadoso. Era su manifestación para indicar que no habría lugar sagrado al que el no pudiera llegar. Si esto sucedía allí que no podría suceder en las casas de cada uno de los habitantes del pueblo. Durante semanas, la catedral se convirtió en un campo de batalla espiritual. Trajeron reliquias de santos, vertieron ríos de agua bendita sobre los tubos y los sacerdotes pronunciaron los más severos exorcismos, ordenando al demonio que abandonara el metal. Pero todo fue en vano. Mientras más frío hacía, más se extendía la plaga. Si alguien osaba tocar los tubos enfermos, estos se desmoronaban entre los dedos, convertidos en una arena gris que no era de este mundo. El Gran Órgano murió, silenciado por el "mordisco de Satanás".Pero no todo termino allí, Pasado el tiempo y luego de reportar esta abominable situación a otros lugares de Europa, muchos empezaron a prestar atención a sus propios órganos en sus iglesias y catedrales. La leyenda de la peste del demonio en los órganos se extendió por todo el continente. Se decía que el diablo viajaba con las heladas, buscando los templos más hermosos para corromper su música y así evitar que los cantos celestiales se distribuyeran en las almas de los hombres. Y efectivamente sucedió muchas iglesias vieron que durante los días más fríos de diciembre y enero sus órganos comenzaban a sufrir de la misma plaga. Que el demonio celoso se apoderaba del instrumento y lo destruía rápidamente. Grandes catedrales como las de Almenno San Salvatore en 1558 y la Prato en la toscana Italiana en 1588 sufrieron la misma situación. Y así cada año durante muchos siglos los sacerdotes y obispos de cada iglesia vigilaban con atención el estado de salud de sus ...
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