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Cuentos infantiles y para todas las edades

Cuentos infantiles y para todas las edades

By: Santiago Ramirez Cruz
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About this listen

Bienvenido al programa cuentos infantiles y para toda la familia , un podcast de cuentos infantiles y relatos para toda la familia, pensado para escuchar juntos o en solitario, antes de dormir, en un viaje o en cualquier momento del día. Aquí encontrarás cuentos para niños, historias llenas de imaginación, valores y ternura, pero también relatos que emocionan a los adultos, con mensajes profundos, finales sorprendentes y personajes que dejan huella. Son cuentos que se disfrutan a cualquier edad, porque nunca dejamos de necesitar buenas historias. Cada episodio es una invitación a parar, escuchar y dejar volar la imaginación: 📖 cuentos cortos 🌙 cuentos para dormir ✨ relatos con moraleja 👨‍👩‍👧 historias para escuchar en familia Ideal para padres, madres, educadores, abuelos y para cualquier persona que ame los cuentos narrados con calma y cariño. 🎧 Ponte cómodo, sube el volumen… y deja que un cuento te acompañe.© 2026 Santiago Ramirez Cruz Language Learning
Episodes
  • Microcuentos y Poesías
    Feb 27 2026
    Bienvenidos a un nuevo episodio del podcast. Hoy os invito a hacer una pausa. A detener el ruido del día y dejar que las palabras respiren. En el programa de hoy compartimos dos microcuentos —breves, intensos, sugerentes— y varias poesías que nacen de lo cotidiano, de lo íntimo y de esos pequeños instantes que a veces pasan desapercibidos. Los microcuentos nos llevarán por historias condensadas, donde cada frase cuenta y cada silencio tiene significado. Las poesías, en cambio, nos abrirán ventanas: al recuerdo, a la emoción, a la reflexión. Este es un espacio para escuchar despacio. Para imaginar. Para sentir. Gracias por estar al otro lado. Comenzamos.
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    5 mins
  • El trapo Magico
    Feb 21 2026
    El precio oculto de la comodidad y el tiempo perdido. María, una mujer ordenada y solitaria, recibe un trapo mágico que limpia sin esfuerzo. Al usarlo, su hogar brilla y tiene tiempo libre, pero pronto nota que se siente más vieja. El hombre que le ofreció el trapo regresa y revela que cada día de uso le ha costado 100 días de vida. Horrorizada, María comprende que ha intercambiado su tiempo por comodidad. El trapo se convierte en un simple paño y ella queda sola, aprendiendo que nada en la vida es gratis y que el tiempo es lo más valioso. Transcripción del episodio: El trapo mágico, Érase una vez en una ciudad cualquiera. Un bloque de viviendas alto y gris, con balcones iguales y ventanas que miraban todas al mismo cielo. En 1 de aquellos pisos, en 1/4, sin ascensor vivía María. María era una mujer tranquila y ordenada. Vivía sola, no tenía hijos ni mascotas y pasaba gran parte del día cuidando su casa. Le gustaba que todo estuviera limpio, que los cristales brillaran, que los muebles no tuvieran polvo y que el suelo reduciera como un espejo. Sin embargo, cada tarde terminaba cansada, con la espalda dolorida y las manos ásperas. Siempre estoy limpiando y nunca termino, suspiraba. Una mañana de primavera, mientras el sol entraba tímidamente por la ventana del salón, alguien llamó a su puerta. María se sorprendió, no esperaba a nadie. Al abrir se encontró con un señor muy extraño, era muy mayor. Llevaba un abrigo largo oscuro, gastado por el tiempo, tenía barba blanca, ojos pequeños y brillantes, y apoyaba las manos en un bastón retorcido que parecía de madera antigua. Buenos días, María dijo con una voz grave y pausada, vengo a ofrecerle algo que puede cambiarle la vida. María dudó. ¿Nos conocemos? Todavía no respondió él sonriendo, pero eso no es importante. De debajo del abrigo sacó un trapo viejo de color gris, aparentemente normal, sin brillo ni dibujo alguno. Este trapo es mágico, explicó. Limpia cualquier cosa de forma perfecta, rápida y sin esfuerzo. Se lo dejo una semana. Si le gusta, entonces hablaremos de su precio. ¿Pero cuánto cuesta? ¿No sé si podré pagarlo? Preguntó María desconfiada. El hombre negó con la cabeza. No tiene precio, se paga con algo muy especial. Maria dudó unos segundos, pero la curiosidad pudo más. De acuerdo, dijo Finalmente. Lo probaré. Nada más cerrar la puerta, María decidió usar el trapo. Empezó por los cristales del salón con solo pasar el trapo. Una vez quedaron tan transparentes que parecía que no existían. Luego limpió la mesa, los muebles, las estanterías, los adornos. Todo quedaba perfecto, sin esfuerzo, sin agua, sin productos. Esto es increíble, exclamó. Durante los días siguientes, María utilizó el trapo para todo, limpiaba la casa entera en apenas unos minutos. El suelo brillaba, los muebles parecían nuevos, incluso el aire parecía más limpio. Por primera vez en muchos años, María tenía tiempo libre, se sentaba en el sofá, leía, dormía la siesta, miraba por la ventana, el trapo lo hacía todo por ella. Pero algo extraño empezó a ocurrir. Cada mañana, al mirarse al espejo, María notaba algo distinto. Sus ojos parecían más cansados, su piel más apagada. Pensó que sería el paso del tiempo o quizá la primavera, que a veces engaña al cuerpo. Siguió usando el trapo. Pasaron los meses. Mariano se dio cuenta de cómo los años empezaron a correr más rápido de lo normal cada vez que se sentía más débil. Se sentía más mayor y se sentía más encorvada. Más vieja. Su pelo se volvió blanco en poco tiempo, sus manos temblaban y entonces una mañana, volvieron a llamar a la puerta. Era el mismo hombre. Hola María ya ha pasado una semana. Dejo entrando despacio. ¿Le ha gustado el trapo? María lo miró con miedo. Sí, pero no. Ha pasado una semana. Ha pasado más tiempo. Han pasado meses, han pasado años. Me siento vieja, muy vieja. El hombre suspiró. El trapo es mágico, pero tiene un precio cada día que lo ha usado. Le ha quitado 100 días de vida. María abrió los ojos horrorizada. Eso no me lo dijo. Todo tiene su precio, María respondió él, aunque no siempre se vea. ¿Habían pasado 10 años, pero Maria? Parecía haber envejecido 30 para ella. Habían pasado 10 años para el señor y el resto del mundo solo una semana. Vivía sola, no tenía a nadie que la cuidara y comprendió demasiado tarde lo que había ocurrido. He cambiado mi vida por un trapo, susurró con lágrimas en los ojos. El hombre tomó el trapo. Que en ese instante se volvió un simple paño viejo y se marchó sin decir nada más, María se quedó sola sentada en su casa limpia. Demasiado limpia y demasiado vacía. Desde aquel día nunca volvió a buscar atajos ni soluciones mágicas. Aprendió que el tiempo es lo más valioso que tenemos y que no se puede gastar sin pensar. Nada en la vida es gratis, aunque lo parezca a veces lo que nos ahorra esfuerzo nos roba algo mucho más valioso. El tiempo...
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    6 mins
  • El Caracol Valiente
    Feb 13 2026
    Cuento infantil para mayores de 8 años La valentía de un caracol y la importancia de no juzgar. Contenido: Coco, un caracol curioso, decide explorar el mundo más allá de su hogar. Tras un paseo, cae en un agujero y se siente atrapado. Varios animales se ofrecen a ayudarlo, pero solo si les entrega su concha, lo que Coco se niega a hacer. Finalmente, un zorro, a pesar de su fama de astuto, lo ayuda sin condiciones. Coco aprende que no se debe juzgar a los demás por su apariencia, ya que la bondad puede venir de los lugares menos esperados. Transcripción del episodio: Hoy vamos a contar otro micro cuento, un micro cuento, como ya sabéis, es un pequeño. Relato, una pequeña historia que concentra algunos personajes. ¿Y una Moraleja final? El caracol valiente. Érase una vez un pequeño. Rincón del campo, allí vivía un caracol. Llamado coco. Coco vivía felizmente con su familia en una acogedora Concha cerca de un árbol grande que daba sombra todo el día. A pesar de estar rodeado de amor y seguridad, coco tenía una gran curiosidad por El Mundo que le rodeaba. Siempre escuchaba los relatos de su abuela sobre El Mundo más allá de su hogar, los prados verdes, los insectos que cruzaban el aire y las maravillas que había en los rincones del bosque. Era una mañana cálida de primavera y el sol brillaba tan fuerte que coco sentía su Concha caliente casi como un horno. Uf, qué calor, dijo coco estirando su pequeño cuerpo, casi como si quisiera escapar de su casita. Qué tal si salgo a ver El Mundo por un rato, pensó. Y sin detenerse mucho más, decidió abandonar. Su hogar. Dejó atrás su casita de caracol, esa que había sido su refugio durante tanto tiempo y salió al campo para explorar. Sentía la brisa fresca del viento y veía las flores de colores brillantes que bailaban al ritmo del viento. Se sentía libre, valiente y emocionado por todas las cosas nuevas que iba a descubrir. Sin embargo, después de caminar por un sendero de hierba, el calor empezó a molestarle más que antes, demasiado calor. Coco se detuvo a descansar cerca de un pequeño arbusto. Pero justo en ese momento perdió el equilibrio y cayó en un agujero profundo. Oh, no exclamó coco, estoy atrapado. El agujero era más grande de lo que parecía al principio, y aunque coco intentó treparse por las paredes, no podía salir, estaba completamente atrapado. ¿Qué voy a hacer? Pensó asustado. Justo entonces escuchó unos pasos. Un ratón apareció por el borde del agujero. Hola pequeño caracol, dijo el ratón con una sonrisa traviesa. Parece que necesitas ayuda. Sí, por favor, ayúdame. Robó coco. Claro que sí, dijo el ratón, pero su voz sonaba extraña, yo puedo sacarte de aquí si me dejas comer tu Concha. Mi Concha es como coco horrorizado, nunca mi Concha es mi hogar. El ratón rió entre dientes y se fue rápidamente, dejando solo. En su agujero. Coco respiró hondo sintiendo la tristeza, pero no se rindió, sabía que debía encontrar una manera de salir. Pasaron un rato largo y justo cuando coco pensaba que la suerte no estaba de su lado, un conejo pasó saltando cerca de él. Hola caracol, dijo el conejo mirando al agujero. Parece que estás en apuros. Sí, por favor, ayúdame, dijo coco con la esperanza brillando en sus ojos. El conejo se acercó, sonrió y le dijo, si me das tu Concha, te sacaré de aquí en un abrir y cerrar de ojos. ¿Qué preguntó, coco confundido, qué quieres hacer con mi Concha? O ya sabes, respondió el conejo Frunciendo el ceño. Algo importante, coco se echó atrás asustado y dijo con firmeza, no te la daré, mi Concha no está a la venta. El conejo frustrado. Salió y se alejó rápidamente, dejándolo solo otra vez. Coco pensaba que nada bueno iba a suceder hasta que escuchó pasos fuertes. Acercándose un zorro pasó por el borde del agujero mirando fijamente al caracol. ¿Necesitas ayuda, pequeño? Preguntó el zorro su voz sonando suave y cálida. Coco se estremeció un poco, sabía que los zorros no eran de fiar, había escuchado historias de zorros astutos y peligrosos. No, no confío en ti, dijo coco temblando un poco. El zorro sonrió, su cola se movió suavemente. Lo entiendo, dijo. He escuchado esas historias también, pero no soy como otros zorros, solo quiero ayudarte. Coco no estaba seguro, pero al ver la bondad en los ojos del zorro decidió confiar un poco. Está bien, dijo coco, si de verdad quieres ayudarme. Sácame de este agujero. El zorro se acercó con suavidad y con su pata empujó. Tierra y ramas para ayudar a coco a salir. Lo hizo con mucho cuidado, asegurándose de no lastimarlo. Finalmente descubrió. Y con gran esfuerzo. ¿Que coco podía salir? Por su propio pie gracias a su ayuda. Gracias zorro, dijo coco con los ojos brillantes de gratitud. No hay de qué, respondió. El zorro recuerda que a veces la apariencia no es todo lo que parece. Coco miró al zorro con una sonrisa, no podía creer lo que había pasado, había aprendido algo muy ...
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    6 mins
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