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La ContraHistoria

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By: Fernando Díaz Villanueva
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La historia como no te la contaron en la escuela. Presentado y dirigido por Fernando Díaz Villanueva.© 2026 Fernando Díaz Villanueva World
Episodes
  • Inventores olvidados - Episodio exclusivo para mecenas
    May 31 2026
    Agradece a este podcast tantas horas de entretenimiento y disfruta de episodios exclusivos como éste. ¡Apóyale en iVoox! La historia de la técnica está sembrada de inventores olvidados cuyas creaciones seguimos usando, aunque nadie los recuerde con calles, placas ni estatuas. El caso más conocido es el del teléfono. Todos atribuyen su paternidad a Alexander Graham Bell, que patentó el aparato el 7 de marzo de 1876, pero Antonio Meucci ya había registrado un aviso previo en 1871 para su «telégrafo parlante», un prototipo que puso a funcionar con éxito en su casa de Staten Island y con el que se comunicaba con su esposa inválida. Meucci perdió la prioridad por una nimiedad, los 10 dólares que no pudo pagar para renovar el aviso y convertirlo en una patente. Algo parecido ocurrió con el alambre de espino. Dabb, Smith y Hunt patentaron una serie de diseños en 1867, pero fue Joseph Glidden quien, en 1874, logró fabricarlo en masa adaptando un molinillo de café, fundó la Barb Fence Co. y amasó una fortuna. Su ejemplo demuestra que no basta con tener la idea, también hace falta capital y capacidad industrial para triunfar. La máquina de coser repite el mismo patrón. Walter Hunt la concibió en 1833, pero no la patentó, en parte porque su hija, una ludita, temía por su empleo de costurera. Años después, Elias Howe patentó su propia versión que intentó vender en Inglaterra. No lo consiguió, pero al regresar a EEUU comprobó como le habían robado la patente. Ganó en los tribunales la llamada «Guerra de las máquinas de coser» contra Isaac Singer y el propio Hunt. Howe se hizo rico y le terminaron dedicando un estatua, sellos con su efigie y hasta calles con su nombre. El destornillador de estrella es otro de esos casos en los que el verdadero inventor se ha olvidado. John Thompson lo patentó en 1933, pero cedió los derechos a Henry Phillips, que se enriqueció con los royalties y prestó su nombre al invento. De Thompson apenas sabemos que era mecánico y que murió en 1940, condenado al anonimato pese a haber ideado algo que todos tenemos en casa. Escucha el episodio completo en la app de iVoox, o descubre todo el catálogo de iVoox Originals
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    15 mins
  • El final de la Serenísima
    May 27 2026
    A finales del siglo XVIII Venecia era una ciudad que parecía existir fuera del tiempo. Quien llegaba hasta allí contemplaba la misma silueta de cúpulas y campanarios que habían descrito los viajeros del Renacimiento. Los palacios seguían en pie, las góndolas atestaban los canales y el León de San Marcos presidía cada rincón. Los venecianos cultivaban el mito de una República con más de mil años de independencia ininterrumpida que, a diferencia de lo que sucedía con otros principados italianos permanecía estable. Aquella espléndida escenografía ocultaba una larga decadencia. El comercio ya no era tan importante como en el pasado. Las potencias atlánticas como Portugal, España, los Países Bajos e Inglaterra habían sustituido a los muelles venecianos mucho tiempo antes como puertos de entrada de las mercancías de oriente. El arsenal languidecía y la flota mercante se había reducido a una fracción de lo que había sido. La ciudad vivía del turismo aristocrático del Gran Tour, del carnaval, del juego, de las artes y de lo que podía sacar de sus dominios en Italia. Todos los intelectuales que se dejaban caer por allí coincidían en señalar que era una República agotada. El sistema político veneciano era de una sofisticación extraordinaria. El dogo, su figura más visible era un monarca elegido pero con poderes muy limitados por una serie de consejos que se vigilaban entre sí. El Consejo Mayor o “Maggior Consiglio” reunía a los patricios inscritos en el Libro de Oro, el Senado llevaba la política exterior, y el temido Consejo de los Diez junto con los Tres Inquisidores de Estado controlaban la república. Pero aquello había derivado en una rigidez paralizante. Nadie quería tocar los intereses creados por lo que cualquier reforma era impensable. Cuando estalló la Revolución Francesa, el patriciado veneciano reaccionó con la cautela de siempre, confiaban en la neutralidad que les había salvado durante todo el siglo. Fue un error inmenso. La Revolución no se parecía en nada a lo que había ocurrido hasta ese momento. La Francia revolucionaria era todo lo que la Serenísima República representaba y eso es lo que no supieron ver. En 1796 el Directorio envió al frente italiano a Napoleón Bonaparte, un general joven y ambicioso. Hablaba italiano, conocía el terreno y comprendió enseguida el valor estratégico de la Terraferma, los dominios venecianos en el norte de Italia. La República permitió a Napoleón que estableciese tropas allí en la guerra contra Austria con la esperanza puesta en que eso durase poco. Pero los planes franceses eran otros. Ocuparon las ciudades de la Terraferma y empezaron exprimirlas y a difundir allí las soflamas revolucionarias. Brescia y Bérgamo se sublevaron en marzo de 1797. En abril estalló una revuelta en Verona contra el ejército francés. Eso unido al ataque sobre un barco francés en el Lido dieron a Napoleón la excusa para intervenir. Envió un ultimátum al Consejo: o abolían la República tal y como había existido hasta ese momento u ocupaba la ciudad por la fuerza. El Consejo escogió lo primero, pero eso no evitó la ocupación. El último dogo, Ludovico Manin se quitó el corno ducal y los franceses entraron el día 15 de mayo sin necesidad de disparar un solo tiro. Acto seguido saquearon las riquezas de la ciudad y se las llevaron a París. La Serenísima República había dejado de existir, pero no la ciudad, que permanece, como hace más de dos siglos, suspendida en el tiempo. En El ContraSello: 0:00 Introducción 3:43 El final de la Serenísima 1:19:37 Venezuela y la guerrilla de Castro Bibliografía: “Historia de Venecia” de John Julius Norwich - https://amzn.to/3RAPUZV “Venecia, ciudad de fortuna” de Roger Crowley - https://amzn.to/4nR781n “Venice. A new history” de Thomas F. Madden - https://amzn.to/4dzGbf5 “La Repubblica del Leone” de Alvise Zorzi - https://amzn.to/4u2CVOh · Canal de Telegram: https://t.me/lacontracronica · “Contra el pesimismo”… https://amzn.to/4m1RX2R · “Hispanos. Breve historia de los pueblos de habla hispana”… https://amzn.to/428js1G · “La ContraHistoria del comunismo”… https://amzn.to/39QP2KE · “La ContraHistoria de España. Auge, caída y vuelta a empezar de un país en 28 episodios”… https://amzn.to/3kXcZ6i · “Contra la Revolución Francesa”… https://amzn.to/4aF0LpZ · “Lutero, Calvino y Trento, la Reforma que no fue”… https://amzn.to/3shKOlK Apoya La Contra en: · Patreon... https://www.patreon.com/diazvillanueva · iVoox... https://www.ivoox.com/podcast-contracronica_sq_f1267769_1.html · Paypal... https://www.paypal.me/diazvillanueva #FernandoDiazVillanueva #venecia #napoleon Escucha el episodio completo en la app de iVoox, o descubre todo el catálogo de iVoox Originals
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    1 hr and 31 mins
  • ¿Alguien se acuerda de Greta Thunberg? - Episodio exclusivo para mecenas
    May 22 2026
    Agradece a este podcast tantas horas de entretenimiento y disfruta de episodios exclusivos como éste. ¡Apóyale en iVoox! Quienes todavía se acuerden de Greta Thunberg les vendrá a la cabeza el momento culminante de su carrera climática, aquel discurso ante la ONU en septiembre de 2019 en el que soltó su célebre «¿Cómo os atrevéis?». Tenía 16 años y todo el mundo hablaba de ella. Cuando aterrizó en Madrid poco después para la cumbre del clima nos hablaban de ella como la voz de una generación. Han pasado siete años y ya no es voz de nadie. El personaje nació por pura casualidad. Hija de un actor y de una célebre soprano sueca, Greta creció entre hoteles caros y festivales de ópera, una infancia que encaja mal con la de un mesías de los pobres. A los 11 años le pusieron un vídeo en la escuela sobre los efectos catastróficos del cambio climático. Dejó de comer, de hablar y se deprimió. Le diagnosticaron Asperger, trastorno obsesivo compulsivo y mutismo selectivo. En agosto de 2018 decidió faltar a clase y plantarse frente al parlamento sueco con una pancarta pintada a mano para hacer huelga por el clima. Aquello le vino realmente bien, superó sus problemas y encontró a muchos dispuestos a amplificar una noticia que no debió pasar de un breve en la prensa de Estocolmo. Unos meses más tarde, después de una campaña de marketing extraordinaria, la recibieron en el Foro de Davos y en el parlamento europeo. Su autismo la blindaba contra la crítica y los políticos encontraron en la jovencísima Greta un reclamo infantil inigualable. Durante tres años todos querían fotografiarse junto a ella a pesar de que, armada de una superioridad moral impropia de una adolescente, les desdeñaba al mismo tiempo que amenazaba al mundo entero con las penas del infierno si no se hacía algo. Nunca dijo lo que había que hacer más allá de eslóganes y sermones apocalípticos para que el mundo entrase en pánico. Ese catastrofismo creo escuela y desde entonces grupos de activistas climáticos se sienten moralmente autorizados para cualquier cosa, desde vandalizar un cuadro en un museo hasta cortar el tráfico. Pero llegó la pandemia, lo del clima pasó a un segundo plano y Greta desapareció de nuestras vidas. Lo último que sabemos de ella es que participó en la flotilla a Gaza en septiembre del año pasado. Las autoridades israelíes detuvieron las embarcaciones y dieron a elegir a sus integrantes entre pasar a disposición judicial o regresar a su país. Greta Thunberg, que no tiene madera de heroína, firmó su deportación y volvió a casa. Otros eligieron la cárcel, ella no. Pero ya no es una niña y lo que hacen los adultos interesa mucho menos. Hoy Greta Thunberg es una simple activista de extrema izquierda con buena agenda de contactos atrapada en el guion que escribieron para ella el ejército de adultos influyentes que prefirió aplaudir antes que preguntar. Escucha el episodio completo en la app de iVoox, o descubre todo el catálogo de iVoox Originals
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    24 mins
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