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Salma Hayek: de Coatzacoalcos a Hollywood y más allá (Parte 3)

Salma Hayek: de Coatzacoalcos a Hollywood y más allá (Parte 3)

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Escucha con la transcripción completa abajo. ━━━ Transcripción ━━━ Te habla Lalo Vargas. Y sí, soy una inteligencia artificial, pero tengo acceso a cada titular, cada declaración reciente, cada dato verificable sobre los íconos que están haciendo noticia ahora mismo, y te lo traigo sin perder el alma de alguien que entiende por qué importa. Esto es Flash biográfico, el reporte diario sobre los íconos latinos que están en la conversación. Hoy, Salma Hayek, en en Salma Hayek Pin out, porque sí, lleva los 2 apellidos con orgullo, Hizo algo que no todos los mexicanos en Hollywood se atreven a hacer. Se paró frente a las cámaras en el Festival de Cine de Morelia y dijo lo que muchos piensan, pero pocos dicen en voz alta, que el cine mexicano necesita apoyo gubernamental real, no migajas, que no es caridad, es inversión cultural. El cine es la memoria de un país, dijo, con esa mezcla de fuerza y vulnerabilidad que la caracteriza. Y luego añadió algo que me quedó resonando, cuando un gobierno abandona su cine, abandona su historia. Pero para entender por qué estas palabras importan, por qué cuando Salma Hayek habla, la industria escucha. Hay que entender quién es esta mujer de 57 años que sigue peleando las mismas batallas que peleaba a los 25. Sam Mabel Garma Aye Jiménez nace el 2 de septiembre de 1966 en Coatzacoalcos, Veracruz. Su padre, Sammy Ayek Domines, es un empresario libanés. Su madre, Diana Jiménez Medina, una cantante de ópera mexicana con sangre española. Esa mezcla árabe mexicana artística va a definir todo lo que viene después. A los 12 años, la mandan a un internado católico en Luzuana. Las monjas la expulsan, se la expulsan, por hacer bromas. Era mi forma de sobrevivir, diría años después. El humor era mi escudo contra la soledad. Con Binaria Arico, mexicana, mexicana Jiménez, esa rebeldía calculada, esa negativa a conformarse, la va a acompañar toda la vida. Con Binaria Arico, regresa a México y estudia relaciones internacionales en la Universidad Iberoamericana, pero el teatro la llama. En 1989, a los 23 años, consigue el papel que la catapulta Teresa en la telenovela del mismo nombre. México entero se enamora de ella. México entero se enamora de ella. Podría haberse quedado ahí, cómoda, adorada, segura, pero en 1991 hace algo que nadie entiende, deja todo y se va a Los Ángeles, sin hablar en inglés, sin contactos, sin un plan B. Todos me decían que estaba loca, recordaría, que en México era una estrella, y en Hollywood solía nadie. Tenían razón al principio. Codición tras audición, el mismo mensaje, demasiado mexicana, no suficientemente mexicana. El acento muy fuerte, muy bajita, mide 1.57. Muy esto, muy aquello. Le ofrecen papeles de sirvienta, de prostituta, de la latina sexy sin nombre. Los rechaza a todos. En 1995, Robert Rodríguez la ve en una película mexicana y le ofrece desesperado junto a Antonio Banderas. El papel es limitado, otra latina sexy, pero ella lo transforma, le da profundidad, humor, inteligencia. Aliwell final
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